aljibe de Torrenueva

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Informe Aljibe Torrenueva

Informe sobre el aljibe de Torrenueva (Granada)

Antonio Malpica Cuello. Catedrático de Arqueología Medieval.

Universidad de Granada

Al borde mismo de la Carretera Nacional 340, viniendo de Motril y antes de entrar realmente en la localidad de Torrenueva, hay una importante estructura hidráulica que se relaciona directamente con el tramo de acequia procedente del Guadalfeo y que riega la Vega de Motril, que se prolongó en el siglo XVI (Domínguez, 1989).

En un dibujo del siglo XVIII[1] en el que se recoge todo el delta del río Guadalfeo aparece el brazo que termina en las últimas estribaciones de la colina llamada Maraute.

Precisamente en ella encontramos huellas continuadas de una ocupación humana que alcanza su punto culminante en la época medieval (Gómez, 1992 y 1998; Rodríguez & Bordes, 1999), al menos hasta el siglo XI, con una precedente etapa romana de importancia.

Aparte de la dedicación agrícola, quizás tardía y, sobre todo, de los siglos ya modernos y contemporáneos, ocupa un lugar principal la explotación de las salinas, documentadas en el período nazarí (Malpica, 1981) pero con seguridad muy anteriores por los restos de ánforas que han aparecido y que nos hablan del transporte de pescado salado. Estaban situadas en la parte baja, al este de Torrenueva, teniendo encima el citado yacimiento de El Maraute.

Todo ello justifica la construcción a principios del siglo XVI, en el reinado de Dª Juana, de un atalaya, situada por debajo del citado aljibe. Sin duda servía para proteger el espacio productivo, sobre todo para amparar las actividades pesqueras y salineras, tan unidas.

La puesta en valor agrícola se inició, o recomenzó, en el siglo XVI, con la prolongación de la mencionada acequia de Motril por el este, que de esta manera amplió considerablemente su recorrido.

A partir de esa iniciativa se fue generando una riqueza agrícola gracias a las posibilidades de practicar la irrigación de manera constante. Ciertamente una vez ganada seguridad en fechas posteriores y de forma sucesiva hubo un establecimiento humano de mayor densidad y de forma permanente. Se produjo al mismo tiempo un proceso de colonización nuevamente de espacios semivacíos o vacíos, en donde solo se daban antes actividades ganaderas continuadoras de la época nazarí. Estas ponían en contacto las áreas montañosas de Sierra Nevada, especialmente la Alpujarra, con las tierras costeras y las montañas que las rodeaban. Se daba así un movimiento de pastores y animales desde las cumbres elevadas, en donde había pastos de verano, y los espacios próximos a la línea marítima en donde pasaban el invierno. En ese sentido, la producción salinera era muy importante, toda vez que los rumiantes que integraban los hatos ganaderos consumían de forma abundante sal en su alimentación.

El crecimiento sostenido de este lugar de Torrenueva supuso el desarrollo de una población dedicadas a las labores agrícolas y las propias del mar. Las necesidades, lógicamente, fueron aumentando. Es así como en tiempos contemporáneos se construyó un gran aljibe para el abastecimiento y servicio de una población que se iba incrementando.

La estructura hidráulica en cuestión queda casi entera en la actualidad. No obstante, se halla en un proceso, que no es inicial, de destrucción. Al no ser utilizado, se ha ido abandonando. Así se ve afectado en gran medida, comenzando su por ahora imparable ruina. Parte importante de la bóveda de ladrillo ha caído en su interior. La vegetación crece en su entorno e incluso dentro del aljibe, incidiendo

de una manera evidente a la estructura en general.

Pese a ello, como queda ya dicho, se puede reconocer sin muchos problemas. La fase en que se encuentra lo permite sin grandes dificultades. Se trata de un receptáculo de una sola nave, integrado por dos cuerpos anexos. El primero tiene una orientación noreste-suroeste, en tanto que el segundo va de noroeste a sureste, estando ambos unidos, si bien hay una pared con dos huecos que comunican a ambos.

Las medidas que hemos podido obtener por su parte exterior son: 14 m de longitud por 4,70 m de anchura. El grosor de los muros, que es superior a los 50 cm define un espacio interior sensiblemente más reducido. La altura desde el suelo interno, en algunos sitios visible, en tanto que en otros aparece cubierto por tierra, en la que ha crecido vegetación incluso de cierto porte, hasta el arranque de la bóveda puede cifrarse en 3,70 m. Teniendo en cuenta la dificultad de acceder a las mediciones reales, es complicado establecer la capacidad, que, desde luego, es importante. Como mínimo roza cada cuerpo los 200 m3. Hablamos, pues, de 400.000 l en total, que es una cantidad nada desdeñable.

La obra monta sobre una base de mampostería y a partir de una hilada de ladrillo que sirve para nivelar, se levantan las paredes, formando como se ha dicho un rectángulo hecho de mampostería y enlucido internamente. Encima de él se desarrolla una bóveda rebajada de ladrillo.

A una altura superior, en la misma vertiente de la colina, se descubre el tramo de acequia, hoy en desuso, que lo alimentaba.

Por la forma de la construcción, los materiales y su técnica, cabe pensar que ha sido ejecutado en tiempos relativamente reciente, probablemente en el siglo XX, en su primera mitad.

El valor de la estructura no radica tanto en su antigüedad, sino en su valor etnográfico y, consecuentemente patrimonial. Testimonia el crecimiento de la población de Torrenueva y añade un valor más al conjunto en el que se integra.

Así es, en un espacio reducido encontramos testimonios arqueológicos de diferente entidad, muy afectado por desgracia. El yacimiento de El Maraute en la colina, las salinas hoy enterradas, los tramos de acequia y el mismo doble aljibe son elementos dignos de destacar. En frente de todos ellos se identifica muy cerca de ese aljibe la torre del sigo XVI que da nombre al pueblo.

Por todo ello consideramos obligado la limpieza y conservación de los mismos, para evitar que el deterioro progrese y conduzca a una pérdida irreparable como la que se ha producido en sectores del asentamiento romano y medieval, uno de los más importantes de la costa de Granada. Sería necesario el aprovechamiento del área cercana a la carretera, hoy cubierta de vegetación, para la mejor visualización y organización del conjunto. Asimismo no sería descabellado desarrollar una puesta en valor del conjunto y sus elementos, con el propósito de señalar la historia del lugar y la capacidad técnica y social de los grupos humanos que lo han poblado.

Bibliografía citada

       Domínguez García, Manuel (1989), «La acequia de riegos de Motril y las ordenanzas de 1561», en El agua en zonas áridas. I Coloquio de Historia y Medio Físico, Almería, t. II, pp. 951-968.

       Gómez Becerra, Antonio (1992), El Maraute (Motril). Un asentamiento medieval en la costa de Granada, Motril.

       Gómez Becerra, Antonio (1998), El poblamiento altomedieval en la costa de Granada, Granada.

       Malpica Cuello, Antonio (1981), «Las salinas de Motril. (Aportación al estudio de la economía salinera del reino de Granada a raíz de su conquista)», Baetica, 4, pp. 147-165.

       Rodríguez Aguilera, Ángel & Bordes García, Sonia (1999), «Intervención arqueológica en el yacimiento arqueológico del Maraute (Torrenueva-Motril, Provincia de Granada), Anuario Arqueológico de Andalucía, vol. III (Actividades de urgencia), Sevilla, pp. 292-303.

 


[1]Archivo General de Simancas, Mapas, Planos y Dibujos, LII-44 y 45.

Casa de Administracion de la Alcoholera

DSC 0312CASA DE ADMINISTRACION DE LA ALCOHOLERA, MOTRIL

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